Diseño de una ciudad: un entorno exclusivo para hombres

Si practicáramos el ejercicio de la empatía, nos daríamos cuenta del absurdo colectivo e irracional de que vivimos en un entorno exclusivo.

Entorno exclusivo
Movilidad insegura
Foto: blogs.iadb.org

Si lo pensamos bien y hacemos un examen de consciencia; si observamos en retrospectiva y prestamos atención a nuestro alrededor, nos daríamos cuenta de un comportamiento social tan aceptado como inaceptable, de un absurdo colectivo tan desapercibido como irracional: de la creación de un entorno exclusivo.

Nos daríamos cuenta de que un sector de la sociedad es víctima de otro sector, sin claro motivo o, en su defecto, con motivos arcaicos, precarios y, muchas veces, inexistentes para quien ejerce el dominio actuando como por inercia, llevados por la corriente.

Si somos objetivos y nos desvestimos un poquito de nuestros prejuicios y tapujos, nos podremos dar cuenta de algo que, en realidad, si practicáramos tantito el ejercicio de la empatía y de la escucha, no necesitaríamos de tanto rollo introspectivo para darnos cuenta de que vivimos en un entorno exclusivo para hombres.

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Las mujeres son víctimas de una concepción social infundada y desventajosa, en la cual son percibidas como seres inferiores y débiles, o como objetos a solaz de los hombres.

Situación que genera en muchos casos un odio irracional hacia ellas o simplemente una mera indiferencia a sus necesidades particulares que posteriormente se traduce en exclusión y desatención. Este último es el caso de las mujeres en la movilidad, al menos, en la Ciudad de México.

Pongámonos introspectivos por última ocasión, repasemos la historia y pensemos en los inicios de nuestra ciudad para ubicar desde donde nos encontramos inmersos e inmersas en una sociedad exclusiva para hombres.

Época de la conquista: comienza la remodelación de gran parte de la ciudad, donde la traza urbana se empieza a modernizar al igual que sus herramientas de trabajo y de transporte; las mujeres sólo participaban sentadas al lado de un rey o siendo violadas por los conquistadores.

Época virreinal: se construyen grandes templos de carácter europeo, las personas se transportan en carretas y caballos, y su sistema político es regido por 62 virreyes a lo largo del periodo, todos hombres; el papel de la mujer no varía en absoluto.

Haters gonna hate
Imagen: Giphy

Época contemporánea (independencia y revolución): siguen las construcciones europeas pese a la consolidación del mexicano, al mismo tiempo que los medios de comunicación y transporte evolucionan con la aparición de los automóviles y el ferrocarril, ahora bajo decretos de presidentes, todos hombres también; las mujeres ganan visibilidad pero no mucho más que eso.

La historia de México, desde el fin de la época prehispánica hasta la actualidad, se ha desarrollado bajo un marco completamente patriarcal, en un entorno exclusivo, donde todas las decisiones han sido tomadas y decretadas por hombres, por lo que no debería sorprender, dadas las circunstancias, que la construcción política y social del país haya sido pensada para hombres.

Sí, la Ciudad de México ha sido diseñada, en su mayoría, por hombres y para hombres. No, no es exageración ni paranoia feminazi (si así se piensa, por favor, releer párrafo 1).

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Pensemos en el canon de las 8 cabezas o en el Hombre de Vitruvio, en el hombre de Le Corbusier o en cualquier canon antropomórfico utilizado para diseñar los espacios en donde se desenvuelve el ser humano,o el hombre, como generalmente se dice para englobar a la raza humana, que desafortunadamente sí aplica perfectamente en este caso.

Basta con salir a la calle, recorrer la ciudad y observar con atención para percatarnos de dicho entorno exclusivo. En el transporte público, por ejemplo, las mujeres sufren -además de la inseguridad- por no alcanzar el tubo superior, al igual que al subir los escalones de algunos microbuses; en los asientos del metrobus, y en muchos otros asientos, se ven con gracia los pies colgando de muchas mujeres.

También en el transporte privado se puede observar el problema, ya que muchas mujeres deber utilizar algún tipo de cojín como apoyo para alcanzar una estatura adecuada al frente del volante.

La lista es larga y polémica. No obstante, no hay que restar importancia ni trivializar dichas situaciones por más insignificantes que parezcan, ya que detalles como estos contribuyen a la normalización de la problemática y por ende, a su extrapolación en otros ámbitos como la política.

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